Los diarios normalmente son secretos, pero el mio no es un diario normal. Es todo vuestro.

lunes, 14 de julio de 2014

Huída

Hicimos las maletas con lo imprescindible (sombrero, bikini y lucky strike), y nos largamos. Y creo, que hasta hoy, ha sido la mejor decisión de lo que llevo de vida.
A veces, para encontrarse a uno mismo, hace falta perderse. Tras recorrer 816 kilómetros, encontramos el lugar más bonito del mundo para perdernos (encontrarnos).

Créeme, fue precioso. Imagina: mar, risas, camas deshechas, fotos ridículas, corazones curados y cerveza. Es como un sueño hecho realidad. Es como nuestro sueño, y creo que estoy tan feliz por haberlo realizado sin ti. 

Poco a poco me doy cuenta de que no eras tan imprescindible, que sigue amaneciendo, seguimos bailando y seguimos riendo. Eso es más que suficiente para ser un mucho feliz.

Huele a sal y un poquito a sol. La vida sigue. Y al fin le he echado suficientes cojones para seguir con ella, porque, en fin, es mi vida ¿no? Quien mejor que yo para manejarla...
Este es el primer baño salado de mi vida sin ti, y te lo dedico. Disfrútalo, ojalá todo te vaya tan bonito como me va a mi ahora.


-Gracias Girona por darme esta oportunidad. Gracias A. y J. por acompañarme en ella.

-Sólo se trata de morir o matar.  





viernes, 9 de mayo de 2014

Hablemos de sexo, drogas y rock and roll



He sacado los tacones y el pintalabios rojo que tenía escondido en lo más hondo del armario. Vuelvo a dejar marcas en cuellos perdidos. Para intentar encontrarme. Para vivir. Para matarme. 
Al menos así, aunque sólo sea por un momento, no me acuerdo de ti.

También he vuelto a follar con desconocidos, y ahora duele el corazón más que nunca. ¿Por qué lo hago? No me lo preguntes, ni lo sé, quizás para evitar todas aquellas preguntas que no sé contestar. Mejor decir "no" a un desconocido. 

Ahora viajo, lejos, muy lejos, sin moverme ni un centímetro. Simplemente, inhalo, cierro los ojos y cada noche veo las estrellas con alguna que otra carcajada de fondo. En fin, esto es la vida, morir poco a poco ¿no? Y qué mejor forma de morir que entre estrellas y risas.
Recuerdo cuando era pequeña y quería tener alas para poder volar. Recuerdo cuando me cortaste esas alas. Ahora tengo que liarme un peta para poder surcar el cielo y rozar un poco lo que era la felicidad. Y lo cierto es que no me hace falta nada más, ni si quiera buena compañía.

Seguiremos muriendo, cada vez más deprisa, pero mientras sigamos en esta puta vida, deberíamos bailar.

(Y si es con las canciones que se esconden en este texto, mejor. Click en las palabras grises.) 




-Desde que te largaste, tengo miedo de no poder volver a escribir bonito.

domingo, 16 de marzo de 2014

Intento número uno



"Hola.
Hace poco más de dos meses que te fuiste y sólo quería decirte que no te he olvidado, pero que lo estoy intentando.
Cada noche me duermo pensando cómo lo has hecho tú, cómo has podido olvidar todo tan rápido y a veces incluso me imagino que vuelves. Que vuelves sabiendo que te has equivocado y quieres arreglarlo todo.

En fin, al ver que eso no ocurre he decidido olvidarte yo también, no todo, claro. Hay momentos tan preciosos que sería un crimen eliminarlos. Quiero que sepas que poco a poco estoy aprendiendo, que ya no tropiezo tantas veces con la misma piedra como hacía antes, que he descubierto que cosas hay que valorar de verdad y que espero aprender mucho más de lo que fue lo nuestro. 

Pero no todo es triste en mí, puedo decirte bien alto que soy feliz, a mi manera, pero feliz al fin y al cabo. Que los viernes de cine no se han acabado, simplemente he cambiado la compañía, que las excursiones se están organizando más que nunca, que estoy descubriendo amaneceres nuevos, que incluso superan a los nuestros. Está claro que nada puede igualar lo que tuvimos, pero esa es la idea ¿no? Hay que seguir avanzando, y mejorar. 

No todo es tan bonito como lees. Hay días que cuando me despierto me acuerdo de que no estás a mi lado abrazándome y una lágrima se me escapa. Tenemos la manía de frecuentar los mismos bares, y se me cae el alma a los pies cada vez que te veo hablando con otras, pero me duele aún más cuando eres capaz de acercarte a mí y dedicarme uno de tus "holas" tan sonriente. Yo no puedo mirarte a la cara, perdona si cada vez que vienes huyo. 

No te preocupes por mí, simplemente tenía la necesidad de contarte todo esto. Pero estoy bien, me quieren, y ahora mismo no me haces falta."


jueves, 2 de enero de 2014

Adiós, corazón.



Nos tomamos demasiado al pie de la letra aquello de “año nuevo, vida nueva”, por eso, después de varios días sin verlo un 2 de Enero me dijo:

-Ya no me gustas como antes.

Y crash, corazón roto de nuevo. Había unos doscientos cincuenta y siete pedacitos de mi corazón esparcidos por todo el coche y él no se había dado ni cuenta. Con lo que nos costó arreglarlo, todos los meses que estuvimos buscando todos los pedacitos para ponerlos en su sitio, y llegas ahora y en una frase te lo cargas.

Yo os juro que iba toda digna, que llevaba días y días preparando un discurso super bonito, que después de todas las Navidades sin verle ya tenía asumidísimo que esto se acababa. Créeme, era precioso, nos iba a dejar por las nubes, porque nuestra relación fue algo así, nubes, y sol, y tormenta y arcoíris. Y lo más normal era dejarla a la altura que se merecía y no romperla de una manera tan absurda. Tú siempre fuiste un poco absurdo, y aun así te quise (y te quiero) con todo mi corazón (bueno, ahora con lo que queda de él).

Pero después de decir esas palabras, ¿cómo querías que diese mi discurso? Únicamente me salió un triste “vale” con el hilillo de voz más ridículo del mundo. Y es que me sentía ridícula, ¿más de dos años juntos y sólo se te ocurre decir eso? Sólo podía pensar en "no llores, no llores". Que quizás es que yo soy demasiado romántica, pero creo que no me merecía esas palabras.
Desde el primer día ambos sabíamos que esto tenía fecha de caducidad, que era una locura, que yo me iba ir algún día, que tú nunca ibas a cambiar. Pero lo cierto es que nunca pensé en ella, simplemente vivimos, y me acostumbré a ello, me acostumbré a ti. Le cogí cariño a los viernes en tu regazo y a los sábados bailando contigo, a la tortilla de patata con cebolla, a ese maldito gato loco que no hacía otra cosa que arañarme. Le cogí cariño a todo lo tuyo, y me olvidé de nuestra fecha límite.

En fin, aquí estaba, así que salí del coche con la mano en el pecho, sujetando el poquito corazón que me habías dejado, dedicándote el “adiós” más triste del mundo y una última mirada. Me di la vuelta, me eché a llorar como una niña pequeña y me rompí enterita. Vacía, así me has dejado.


Y lo que tengo claro es que superar lo nuestro es realmente la cosa más triste que le ha pasado al amor en toda su vida.